sábado, 10 de marzo de 2012

El barón rampante


El barón Arminio cabalgó hasta debajo del árbol. Era un atardecer rojo. Cósimo estaba entre las ramas desnudas. Se miraron a la cara. Era la primera vez, desde la comida de los caracoles, que se encontraban así, cara a cara. Habían pasado muchos días, las cosas habían cambiado, uno y otro sabían que ya no se trataba de caracoles, ni de la obediencia de los hijos o la autoridad de los padres; que todas las cosas lógicas y sensatas que podían decirse estarían fuera de lugar; con todo algo tenían que decir.

Italo Calvino


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